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ALEJANDRO MOREANO
“… la decisión europea podría unir a América Latina en un proyecto emancipatorio…”
Millones de migrantes esperan que América Latina y el Sur del planeta integren la problemática de la migración en una nueva política, soberana e independiente, del Sur frente al Norte.
En tiempos de cambio, la realidad corre más aprisa que las esperanzas. Frente a la medida aprobada por el Parlamento europeo que criminaliza la condición de migrante y lo somete a severas amenazas y castigos, tomada además en momentos en que negocia un Acuerdo entre la CAN y la Unión Europea, los Presidentes de Venezuela y Bolivia han transformado la esperanza en propuesta política.
Evo Morales ha planteado la necesidad de revisar las negociaciones CAN y UE, y el Presidente Chávez, con su habitual humor, ha dicho que si Europa “retorna” a nuestros migrantes, Venezuela “retornaría” a las empresas europeas e incluso revisaría el comercio petrolero.
Los países del MERCOSUR han condenado la medida y buena parte de los otros gobiernos de América Latina se han visto obligados a criticarla. El presidente electo del Paraguay ha señalado que la decisión europea podría unir a América Latina en un proyecto emancipatorio. Europa responde con el chantaje; podemos revisar “la ley del retorno” si ustedes aceptan nuestras exigencias comerciales y de inversiones.
Creo que se inicia una nueva fase en las relaciones globales entre el Norte y América Latina.
Y no se trata del socialismo del Siglo XXI. En la problemática de la migración, el neoliberalismo se muerde la cola. De acuerdo a su concepción, debería promover la libre migración. Hay otros dos puntos que son un mentís, en su propia lógica, a sus tesis: los subsidios agrícolas y las medidas proteccionistas practicadas por los países desarrollados. Las posiciones de Chávez y Morales son uno de los contenidos de una política internacional única, independiente y soberana, de América Latina, eje cardinal de la Integración.
Se ha iniciado un segundo frente internacional en torno a la migración. El primero fue esa suerte de Intifada migrante que la iniciaron los ecuatorianos en España, pioneros de la resistencia a las medidas restrictivas levantadas en Estados Unidos y Europa. Poco después, los migrantes en EE.UU. desplegaron una gigantesca movilización, cuya consigna central –los seres humanos no son ilegales- es una de las mayores lecciones de humanidad del presente.
La migración es quizá el problema cardinal de nuestro tiempo y su resolución llevará a la barbarie –el triunfo de las restricciones- o a una fase superior de vida civilizada, la libre circulación de las personas en todo el planeta.
Las grandes olas migratorias son un excepcional impulso en la generación de la humanidad como sujeto de la historia; una humanidad rica, compleja, diversa, dinamizada por múltiples cosmovisiones en diálogo, cruce, interpenetración.
Las migraciones han sido siempre un proceso fundamental en la formación de los pueblos, las naciones y, ahora, de la humanidad. Intrépidos, quizá temerarios, latinoamericanos, africanos y asiáticos siguen llegando en masa a los EE.UU. y Europa, precipitando la irrigación del cuerpo social de la tierra.
Su desplazamiento es, sin duda, la épica de nuestros tiempos. |