Ecuador: Migración y concurso de miserias Imprimir E-Mail

Por Luis Alberto Luna Tobar www.hoy.com.ec

Nada revela con mayor y más vergonzosa definición humillante el grado de miseria en el que se promueve cierta línea política del mundo en el que vivimos y al que entregamos nuestra personal misión de parte exigua, pero real de semejante realidad, tan miserablemente inhumana, como cuanto acontece en todo el orbe y con la constancia de cuantos en él existimos, en lo que se llama y es la imperiosa realidad de una migración multitudinaria.

Esa migración se produce entre continentes y regiones, entre pueblos y porciones humanas densas, que contradictoriamente con la capacidad técnica presente, no logramos acomodarnos humanamente en el sitio en el que vivimos y menos aún en el que planificamos llegar, si el ímpetu migrante nos lo permite.

Referirse al ímpetu migrante es coincidir con la observación del universo que estudia su propia historia.

Ese estudio encuentra renovaciones permanentes de las grandes crisis sociales, en todas las regiones poseídas por cierto grado de promoción cultural, como en los confines humanos en donde apenas hay datos históricos verídicos que nos dejen ver multitudes humanas peregrinantes, entre la ansiedad de ser y poseer algo propio, y grupos masivos de seres desesperanzados que realizan, con obstinada persistencia, esfuerzos terminales para subsistir en nuevos mundos, con nuevas esperanzas y acaso también con el mínimo acuerdo solidario de seres humanos que demuestren su normalidad humana fraternal, acogiendo y apoyando al ser que antes de darse por vencido tiende las manos en soledad, buscando quien las apriete con natural fraternidad.

Sin embargo… abochorna cordial y mentalmente, con amargura íntima y con vergüenza púdica, la política de la mayor parte de las naciones europeas, incluyendo nuestra España, que se siente generadora de castas derivadas de la vieja estirpe del fondo ibérico, en las leyes y disposiciones reguladoras últimas, de estos meses pasados, maltratando a los migrantes de otros países, continentes y diversas áreas sociales empobrecidas.

Todos ellos optan por migrar, acogiéndose a ellos o saliendo de ellos a sectores en donde la vida les pueda ser más humanamente "vivible".

Impresiona la presente actitud de la Unión Europea y amenaza reacciones ciertas que la historia lo demuestra, en las que se ve muy real cómo el migrante maltratado es una revelación para los tiempos, en los que demostrará, a pesar de sus padecimientos de maltrato y soledad, que humanamente sabe agradecer y que socialmente sabe integrar.

Debemos empeñarnos cuantos hemos sido favorecidos con calor familiar por padres que nos dieron la vida y patria que la cubre de generoso acogimiento, para conseguir que cada día seamos más humanos abriendo la puerta de casa al hermano migrante y formando con mayor solidez las bases de una real fraternidad universal, como Cristo la inauguró y por ella se entregó.

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