www.eltelegrafo.com.ec Todos venían de alguna prisión; la mayoría (30) de Texas; otros de las cárceles El Paso, San Antonio, Florencia y Arizona.
Un cartel que decía “bienvenido tío Freddy”, alzaron en brazos las adolescentes Dyana, Lesly y Karla, el viernes, a las 20:15, cuando el bus de la Policía ingresó al cuartel de Migración con 46 deportados que llegaron de Estados Unidos, en un vuelo del avión de JPATS (sistema de transporte de inmigrantes ilegales y prisioneros de la justicia de Estados Unidos). Las chicas estaban felices porque después de 8 años regresaba al país su “tío favorito”. Sin embargo nada quisieron decir, solo que estuvo detenido dos meses por indocumentado.
El tío Freddy Guaraca saludó y no quiso hablar. En el listado de los deportados constaba que estuvo detenido por falta de documentos.
En otro lado estaba Verónica, una joven de 17 años que esperaba con ansias a Nicolás, su padre, y que llevaba un globo que decía “bienvenido papi”. Ella se puso a llorar en silencio cuando llegó el bus con los expulsados. Al parecer no llegó su progenitor, solo lo hizo otro pariente. Los deportados bajaron del bus, que fue estacionado a la entrada; ingresaron al cuartel policial y con sus camisetas se cubrieron el rostro para no salir en las fotos.
Todos venían de alguna prisión; la mayoría (30) de Texas; unos de la cárcel de El Paso y otros de San Antonio. También de Florencia, Arizona.
Pasaron al patio y allí se sentaron mientras esperaban que cada uno fuera llamado para registrarle sus datos en los archivos de la Policía de Migración y la Fiscalía.
Luego se sirvieron un plato de comida y media hora después, el fiscal Abraham Cheing Falcónez, de la unidad de Delitos Migratorios, ordenó a los policías que los custodiaban, que los dejaran salir (en libertad).
Los repatriados corrieron hacia la puerta. Unos se tapaban el rostro para eludir otra vez la cámara fotográfica, mientras otros se abrazaban con sus parientes, que en gran número llegaron a esperarlos desde las 18:30. Hubo retraso, pero la espera no les molestó. Al traspasar la puerta que da a la calle, frente a la terminal terrestre, corrieron para abrazar a sus familias, pero nadie quiso hablar de su experiencia.
El “tío Freddy” dijo que ya estaba bien de preguntas, luego de los interrogatorios que les hicieron en Migración. Y en pocos minutos abordaron los vehículos que los esperaban. La mayoría era de Azuay, Riobamba y Quito.
Hubo migrantes que no tenían dinero para trasladarse a su lugar de origen y se quedaron en la terminal terrestre a ver si los ayudaban.
En representación de la Fiscalía estuvo Cheing para recibirlos y verificar que no se les violentara ningún derecho fundamental.
Además quería confirmar si los deportados registraban antecedentes o cuentas pendientes con la justicia. Como nada de esto ocurrió, quedaron libres. |