Opinión: La mitad de los guayaquileños y Nebot, no asimilan la derrota. Imprimir E-Mail

Raúl Jiménez  --  http://lacomunidad.elpais.com/http-lareguelta-blogspot-com-/posts

La paliza política propinada por los ciudadanos ecuatorianos en las urnas, avala el papel del presidente Rafael Correa, en su proceso de refundación del Ecuador. Un apabullante 64% de los votantes dio el Sí a la Nueva Carta Magna, frente al No, que apenas alcanzó un 28,14%. Una muestra más que suficiente orientada a reforzar la esperanza del pueblo soberano en la Revolución Socialista del Siglo XXI.

Sin embargo, lo que para muchos ecuatorianos, medios de comunicación y gobernantes fue un triunfo sin precedentes, transparente y que demuestra una madurez democrática; para otros, es una minucia que puede ser utilizada como la única arma que le queda a la derecha gamonal de Guayaquil. No en vano, la corresponsal del diario "El País", en Ecuador, Daniela Creamer, intenta ridiculizar el triunfo del Sí, convirtiendo un subtitular en la noticia de portada: El 'no' de Guayaquil empaña el éxito de Correa en las urnas, abrió su crónica del pasado martes 30, con un notorio objetivo de darle más espacio y respiro a los grupos de oligarcas dirigidos por Nebot, un político que en los años más dorados de la partidocracia social cristiana, fue rechazado por un pueblo que por dos ocasiones, le dio la espalda en las urnas, negándole el sillón presidencial. Además, la tinta desestabilizadora que representa al caduco cacicazgo guayaquileño, persigue a toda costa encuadrar este escenario al vivido en Bolivia y Venezuela, porque, según “algunos analistas” mencionados por Creamer, puede aparecer en las regiones ricas de Ecuador, como Guayaquil, la bandera del autonomismo, tal como sucede en Santa Cruz.

Para empezar, analicemos el alcance dado por el No en Guayaquil, porque parece ser, que este triunfo contra el proyecto de Correa, es tan abrumador como el dado en todo el país por el Sí. Con el 91% escrutado en este motor económico del Ecuador, 45,69% apoyaron el proyecto constitucional, mientras que 46,95% le dieron la espalda. Al buen entendedor 1,35 puntos (unos 100.000 votos de 1.700.000 empadronados), en un proceso electoral, no tiene nada de extraordinario; por el contrario, se puede entender como un empate técnico, donde, según este caso, la mitad más uno estaría en contra el proyecto de Revolución Ciudadana y la otra mitad a favor. Pero la imagen ilusa que se pretende dar es que todo Guayaquil, está a favor de Nebot, y en contra de Correa, o quizá más lejos, que medio Ecuador está contra el izquierdista, según nos intentan vender, algo que es una tamaña torpeza por donde se la mire.

Cabe señalar a Creamer que el proceso dado en Ecuador, no tiene nada que ver con el boliviano dado que es el pueblo, libre y soberanamente, quien refrendó la nueva Carta Magna, y no un grupo político sin luz ni taquígrafos, en cuarteles o con resultados maniatados. Por tanto, el triunfo del Sí, difícilmente puede derivar en una lucha autonómica y, al contrario, debería ser un ejemplo de cómo se pasa de un sistema donde se socializan todos los recursos del Estado a favor de los más necesitados y con la participación de todos en las decisiones; o, un sistema donde las jugosas ganancias se privatizan a favor de unos pocos, y lo que es peor, cuando sufren crisis, la factura la pasan a los de siempre. Basta con dar una mirada a los EE.UU, donde se pretende inyectar 700 mil millones de euros para salvar bancos, con el impuesto de los ciudadanos norteamericanos, mejor dicho, del mundo entero.

El Rulo

 
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