Estados Unidos: inmigrantes viven ecos del 'corralito' y del 'feriado bancario' Imprimir E-Mail

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En las últimas semanas, mientras el sistema bancario estadounidense se desmoronaba, muchos inmigrantes latinoamericanos han estado sintiendo como que esta es una película que ya habían visto antes.

“Ya vivimos esto; sólo los nombres cambian”, dice Irene Sosa, una cineasta venezolana. “Aquí es Lehman Brothers, allá era el Banco Latino”.

A mediados de los años ‘90, cuando Venezuela enfrentó su propia crisis bancaria, el gobierno tuvo que implementar un rescate de seis mil millones de dólares para muchos de los bancos más grandes del país.

Así como pasa en los Estados Unidos ahora, muchos países latinoamericanos sufrieron tremendos golpes a sus economías, reveses causados por una combinación de excesos y mal gobierno.

“Esto me va a afectar de nuevo”, dice Luis Rosas, un mexicano que trabaja en la tienda Nivel Musical, en Jackson Heights. El negocio ha tenido que cerrar por la situación económica.

Rosas estaba en México cuando se desató la Crisis Tequila, en 1994. Las tasas de interés se dispararon y crearon una ola de moras hipotecarias.

Eso provocó que el gobierno absorbiera a varios bancos con un rescate que les costó a los contribuyentes alrededor de cien mil millo-nes de dólares.

“Cuando pasó en México, la moneda se devaluó, los pequeños comercios se fueron para abajo; todo se puso bien caro”, dice Rosas.

Pero aún esos catastróficos derrumbes financieros no se comparan con lo que sucedió en Argentina a finales del 2001.

Después de incumplir con sus préstamos y de perder inversionistas, el gobierno creó El Corralito, un conjunto de medidas económicas por medio de las cuales el gobierno se apoderó de las cuentas bancarias personales, causando caos en el pueblo.

“Un tío mío se pegó un tiro durante la crisis”, dice el argentino Bernardo Palombo, que dirige el Taller Latinoamericano, una organización cultural en Manhattan.

“Él era chofer y había ahorrado su dinero en dólares. Cuando se dió cuenta que le iban a devolver su dinero en la moneda argentina devaluada, se mató”, relata Palombo.

Años después, la mayoría de estos países aún sufren los estragos del fracaso.

“Si vas a Caracas ahora, se ven muchos edificios que quedaron construídos a la mitad cuando ocurrió la crisis”, dice Sosa. “La gente se metió en estos edificios y se llevaron lo que pudieron. Había mucho desempleo y desesperación”.

En Ecuador, casi la mitad de los bancos se derrumbaron a finales de los ‘90.

Todas las cuentas corrientes y ahorrativas fueron congeladas y el país tuvo que abandonar su propia moneda, el sucre, para adoptar el dólar.

 
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