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Marcelo Medrano -- www.eltelegrafo.com.ec Tal vez no lo recuerde. Le cuento: allá, a inicios de los años noventa, con la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1991), se hizo popular en el mundo la idea que la ‘Historia había llegado a su fin’ y se asistía a un tiempo del ‘fin de las luchas entre las ideologías’. ¡Imagínese: la única opción mundial que resultaba al acabarse la Guerra Fría era la ‘democracia liberal’ y, en economía, aceptar la implementación de las políticas neoliberales! ¿Se acordó ya? Vamos, tome asiento y relájese.
Una aspirina. Aquellas ideas las popularizó el señor Francis Fukuyama, un servidor del sistema norteamericano que, con aquellas ideas, él también se popularizó, al punto de convertirse en referencia de cualquier análisis en política y economía. ¿Cómo se sintió usted, hace muchos años, el rato que le dijeron que la Historia se detenía porque había encontrado la forma perfecta de desarrollo en el capitalismo? ¡Únicamente, el capitalismo... cero utopías! Y todos los gobiernos de Latinoamérica, con la prepotencia del verdugo, pero obedientes a las órdenes imperiales y muy sonrientes, querían privatizarlo todo: agua, luz, teléfono, carreteras…y lo privatizaron en muchos países. ¿Lo recordó ya? Otra aspirina, por favor, me dice, mientras el sudor frío le recuerda el paso del tiempo en el famoso ‘libre mercado’ cuando su economía personal, y la de los suyos, se estrechaba en medio del espanto neoliberal. Habíamos llegado al ‘fin de la Historia’ y el neoliberalismo era el áspero rostro en la economía, mientras que rostros desagradables desfilaban en la política nacional para convencernos de todas las ‘bondades’ posibles del ‘libre mercado’. Y déme una aspirina, pues recordar las sonrisas y las falsas palabras de un séquito de dóciles y sumisos gobernantes (Borja, Sixto, Abdalá, Fabiolo, Mahuad, Noboa, Gutiérrez, Palacio, y un sinnúmero de lacayos) que implementaron las recetas del capitalismo norteamericano, no solo me revuelve la cabeza, sino que me causa indignación vital. ¿Qué dirán, ahora, aquellos obedientes mandatarios al saber cómo la economía del capitalismo internacional se desploma ante los asombrados ojos del mundo? Si les ve, pregúnteles, y lleve más aspirinas para escuchar sus respuestas.
Mientras usted, estimado y aspirinizado lector, lee estas líneas, el sistema financiero internacional recibe un costosísimo salvavidas superior, ya, al millón de millones de dólares por parte de los países más poderosos del planeta. ¡Un billón de dolaritos para salvar a los más ricos entre los ricos! ¡Un billón para ocultar toda la prepotencia de aquella teoría del ‘fin de la Historia’, con la paradójica ayuda de quien era el gran problema: ¡el Estado! Los Estados capitalistas están rescatando las ineficiencias del sistema capitalista a un billonario costo que, a futuro, se trasladará, por diversas vías, a grupos sociales vulnerables alrededor de todo el mundo. ¡Vamos, amigo lector, es hora de enfurecerse: le han tenido adormilado con mentiras durante dos décadas; la Historia no se ha acabado: continúa, y usted es parte de ella! |