Sienten añoranza y se emocionan al hablar de su dura vida laboral, pero descartan volver a sus países
El testimonio de quienes han tenido que pasar un duro peregrinaje desde su país hasta España, buscar trabajo, casa y colegio para sus hijos suele ser emocionante, no sólo para ellos sino también para quien los escucha. Así sucedió ayer en Villalpando, donde quedó claro que la situación que afronta cada uno de ellos es muy difícil, sobre todo si acaba con la convicción de que ninguno quiere regresar a su país, puesto que supondría volver a la miseria. Eso es algo que tiene muy claro Abdelcrim Fathala, un marroquí que tras un largo periplo de viajes y estancias por diferentes puntos de España, donde trabajó como albañil y malvivió con su familia, llegó a Benavente, donde trabaja como vendedor de mercadillos, una profesión en la que ha encontrado una estabilidad. Para Abdelcrim, la vuelta a Marruecos se ha convertido en algo ya imposible. «Mis hijos se identifican totalmente con España y no quieren oír hablar de volver a nuestro país. Las costumbres y la forma de vida son diferentes y no aceptarían otras». Miriam Cevallos y su esposo también aportaron al debate una odisea similar a la de su compañero de ponencia. Desde el lejano Ecuador, reunir el dinero para llegar a España en busca de una vida mejor resultaba tremendamente difícil. Eso hizo que tuvieran que planear el viaje a largo plazo y por fases. «Primero vino mi esposo, mientras yo me quedaba trabajando en Quito, con mi hija», explicó Miriam. Mientras, José Luis se ganaba la vida como soldador en España hasta que pudo traer al resto de la familia. «Fue muy difícil, porque yo entonces cobraba veinte mil pesetas al mes», lo que aclara el abuso que pueden encontrarse los extranjeros cuando buscan un trabajo. A pesar de lo ridículo del sueldo, este ecuatoriano no podía decir que no «porque era el equivalente a millones de sucres en Ecuador». Esta pareja lleva nueve años en el país. Ahora reside en Valladolid, donde ha puesto en marcha una asociación para ayudar a ecuatorianos residentes en España, cuya labor quiere desarrollar en la región, por lo que acudieron por petición propia a Villalpando para participar en esta jornada con la intención de dar a conocer la nueva agrupación y la labor a desarrollar. Pero el testimonio más emotivo había quedado para el final. Una búlgara residente en Benavente, Nina, no pudo evitar emocionarse al contar en perfecto castellano sus intentos por hacerse con un buen empleo y establecerse en estas tierras. Ante las lágrimas de la joven, que lleva cuatro años en España, tuvo que ser la representante de Comisiones Obreras, que la ha atendido en su oficina de atención al inmigrante, la que explicara el caso de esta mujer, que tuvo que denunciar al jefe por los abusos en el sistema de contratación, ya que se saltaba todos los derechos que un empleado debe tener, como horario, salario, seguros y contrato. Una vez expuestas las diferentes experiencias, los alumno del IES Tierra de Campos tuvieron su espacio para hacer preguntas, en las que reflejaron su interés por la situación, algo que no es de extrañar si se tiene en cuenta que un nutrido grupo de compañeros de clase proceden de otros países. La primera cuestión que preocupa a los jóvenes, como no puede ser de otra manera, es qué pasa con los chicos y chicas de su edad, cómo se sienten cuando tienen que irse a otro país y aprender nuevas costumbres, cambiar de amigos y asumir todo lo nuevo. Los inmigrantes explicaron cómo sus hijos se han ido adaptando y que son los primeros en aprender el idioma, de manera que en unos años es mucho más fácil para ellos que para los mayores. De hecho, según los casos ayer relatados, los jóvenes se sienten verdaderamente españoles, lo que no deja de sorprender a sus padres. El idioma, que para los alumnos de Secundaria es una de las asignaturas más duras, no lo es tanto para los extranjeros, en la mayoría de los casos. Así, la representante de Bulgaria demostró que en cuatro años se puede llegar a hablar español en correcta gramática y con un perfecto acento. «Me di cuenta que era lo fundamental, no podría ganarme la vida en España si no dominaba el idioma, de manera que fue en lo primero que me tuve que esforzar», explicaba Nina. Autodidacta, cuenta que utilizó todos los medios a su alcance, «televisión, libros, diccionario», con la curiosidad de que este último «no es que lo consultara, es que iba buscando palabras y aprendiéndolas para adquirir más vocabulario». Más de novecientos Hace unos años era escasa la población extranjera que se podía ver en Tierra de Campos, pero la situación ha variado de forma considerable. En Benavente, según los datos de Comisiones Obreras, son más de novecientos los trabajadores procedentes de otros países que se han establecido en la ciudad y la comarca. En Tierra de Campos ha aumentado de forma llamativa la población inmigrante, en núcleos como Villalpando, Villalobos o Villanueva del Campo, aunque se puede decir que ya hay inmigrantes en todos los pueblos, en especial los de procedencia búlgara. El IES Tierra de Campos no es un centro más conflictivo por ese aspecto. «Tenemos que decir que no somos un instituto conflictivo, sino más bien todo lo contrario», señala el jefe de estudios, que aclara que la incorporación de jóvenes procedentes de otros países genera una serie de peculiaridades que hay que tener en cuenta, como la barrera del idioma o las costumbres, en una edad en la que los problemas son más difíciles. «A veces tenemos que hacer frente a algún conflicto y tenemos que tener mucho cuidado», explica otra profesora, Belén Gil. Para ello, se trata tanto con los alumnos como con sus padres, a quienes también se intenta implicar en este asunto. Ayer, los alumnos del Tierra de Campos se acercaron a los problemas de sus compañeros para entenderles mejor. |