La salvadoreña Reyna Rivera Aguirre, originaria de Santa Clara, San Vicente, envía mensualmente desde Arlington, Virginia, un promedio de 300 dólares mensuales para la manutención y el cuidado de sus dos hijos que han quedado bajo la custodia de sus padres en su pueblo natal, en la zona paracentral del país.
Su hijo Carlos Alexander, de 9 años, cursa segundo grado en el Centro Escolar de Santa Clara y su hija Reyna Marisol, de 6 años, ya está en preparatoria. La madre de estos dos menores asegura que el usufructo de su trabajo como cocinera en un restaurante de Washington está dedicado en parte en proporcionarles una mayor educación y bienestar. El caso de esta salvadoreña calza en las conclusiones de un estudio realizado con 15 mil niños y jóvenes salvadoreños insertados en el sistema educativo salvadoreño. En esta investigación se demuestra –con un seguimiento de casos por periodo de 10 años- que gracias a las remesas, las familias receptoras de estas transferencias se mantienen más tiempo en el sistema escolar. El estudio dirigido por Alejandra Cox Edward, profesora de economía de la Universidad de Long Beach, California, presentado el pasado 9 de junio en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en el marco del seminario Dimensiones sociales y laborales de la migración, hace énfasis en el efecto de las remesas en El Salvador. La doctora Cox Edward, autora del estudio "Educación, Remesas y Migración en El Salvador", estima que con el seguimiento de casos –que comenzó en 1997- con una muestra tomada en las zonas rural y urbana del país, se ha determinado que el efecto de las remesas estaría contribuyendo positivamente no sólo a superar los niveles de pobreza en las familias receptoras, sino también en mejorar los indicadores de desarrollo medidos en la escolaridad. "El ingreso familiar importa mucho, porque la familia debe tener ingresos suficientes para sufragar los gastos primeros (…) y la variable remesas puede darnos una idea de cómo puede expandir la posibilidad de la familia en mantener por más tiempo a sus niños en la escuela", dice la especialista estadounidense. BRINDAN oportunidades Según esta economista, el estudio determina, a partir de la muestra que se tomó hace una década con estudiantes de primer ciclo, que la mayoría se ha mantenido en el sistema educativo y otros han logrado egresar. Aunque acota que "no hay una interpretación clara sobre las similitudes y diferencias entre los que reciben remesas de los que no reciben". Sin embargo, la investigación refleja que al mejorar el presupuesto familiar gracias a las transferencias que hacen sus parientes, se produce un fenómeno socioeconómico que tiene efecto en mejores condiciones de vida y educación. Con esa medición el equipo de Cox Edward ha encontrado que en las zonas rurales el 60 por ciento de los estudiantes llega al 6º grado, una cifra por abajo del 85 por ciento en las zonas urbanas. Las estadísticas del estudio infieren que el mayor riesgo de abandono del sistema educativo se concentra en los grados 3º, 6º, 9º y 1º año de bachillerato. La especialista también destaca los avances del sistema educativo salvadoreño, que ha ampliado su cobertura gracias al programa Educo, que funciona por la demanda de las comunidades en instaurar escuelas con más grados de escolaridad, las que son aprobadas después de algunos requisitos establecidos por el Ministerio de Educación. En la exposición ofrecida al foro de especialistas en inmigración, activistas y directivos del BID, la profesora Cox Edward matizó que las remesas siguen siendo el motor de sobrevivencia de miles de familias en las zonas rurales del país. Según ésta, las remesas no son una simple transferencia de fondos, como podrían ser programas de gobierno para atacar la pobreza extrema, porque son fondos propios de la familia monitoreados y condicionados por los que las envían desde el exterior. |